Las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes.
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domingo, 11 de mayo de 2014

Mademoiselle Chanel

 
"Viste vulgar y solo verán el vestido
   Viste elegante y sólo verán la mujer"
-Coco Chanel-
 
 

sábado, 7 de diciembre de 2013

Le rouge

Cuenta la leyenda que la femme fatale apareció con la primera pincelada del primer pintalabios rojo.


En la antigua Grecia se asociaba a las mujeres que llevaban este color con el vicio y la perversión, más bien era una distinción entre las damas y las prostitutas, puede que de ahí venga la relación entre el rojo y la femme fatale.
OH pero no por eso el lápiz de labios rojo dejo de ser utilizado. Grandes mujeres de la historia no renunciaron a este color como Cleopatra o la reina Isabel II el día de su coronación, porque ante todo, el rojo es el color del poder y la victoria.


El pintalabios rojo fue complemento innegable del siglo XX. Cuando las casas de cosméticos como Guerlain, Estee Lauder o Elisabeth Arden comenzaron a comercializar los lápices labiales, actrices de la talla de Bette Davis, Joan Crawford o Judy Garland entre otras, fueron fans del color carmesí.
Y por supuesto, reinas indiscutibles del carmín rojo fueron la rubia de sonrisa perfecta y la mujer de los ojos violeta. Un toque de glamour y elegancia otorgaba el rojo durante la época dorada de Hollywood.


A finales de siglo, la moda punk acogió el pintalabios rojo como símbolo de rebeldía y juventud, sin olvidar que por otro lado, la mujer comenzaba a triunfar en lo laboral y el rojo era sin duda clave de que una había conseguido tener éxito.

Hablar del lápiz rojo es como hablar de un sin fin de historias, fiestas glamurosas, noches de ensueño, erotismo y elegancia van unidos por una fina línea carmesí, marcas de labios en copas de champagne, sonrisas perfectas y mejillas encendidas, complementos rojos y dorados para brillar y, un par de louboutin negros de tacón kilométrico.


Eso es lo que representa el pintalabios rojo, la esperanza de una velada encantadora enrollada en un collar de perlas y un vestido negro de cóctel.

 

jueves, 10 de enero de 2013

Esos Años Locos

Llevo un tiempo enganchada a la serie de la 1 "La Señora".
La verdad es que lo que se dice seguir el argumento no lo sigo pero el vestuario me tiene chiflada.
No hay época más bonita para la moda que la que va entre los años 20 y 30.
Todo son descubrimientos para las señoras. Libertad y poder en un mundo de hombres.
París era la capital, el paraíso de la moda, porque, si no era de París, rien de rien.




Era una época divertida, saliendo de una guerra y a punto de entrar en otra, no habían preocupaciones para estas señoras. Era un carpe diem.
Collares largos de perlas, cigarrillos a medio acabar, vestidos más cortos de lo normal, champagne en todas las fiestas pero sobre todo, labios de carmín, tan de mujer fatal y a la vez tan de señora.




Por eso me gusta La Señora, porque refleja una década espléndida para la mujer, un avance para las mujeres modernas, que se atrevían a llevar vestidos de fiesta de predería y flecos complementados por las famosas tiaras o turbantes, a gusto de cada una, y no salían a la calle sin el último cloche importado de París y el famoso corte de pelo estilo total Garçonne, famoso por Louise Brooks. Ellas eran damas, señoras de la ciudad, modernas pero siempre elegantes.


 
 
La que más me gusta de todas es Isabelita, tan jovencita y tan inocente al principio pero poco a poco se va notando su cambio. Pasa de ser una chiquilla a toda una señora de los pies a la cabeza, obsesionada por la moda, las revistas de París y ser la envidia de todas, sobre todo de Victoria Marquez.



Se vuelve tan mujer y tan segura de si misma a lo que hay que añadir que el amante le da el toque final a la rebeldía y la madurez de la mujer.


 
 
Y no podría faltar Alicia Santibáñez, la otra cara de la moda. La ropa que no se ve a primera vista y que hace que la mujer se sienta más sexy, más mujer.




La verdad es que la ropa interior de la época era deliciada, sensual y con toque chic.
Las imágenes más divertidas, las escenas en el prostibulo, todo risas y alcohol. Noches de alcoba, cojines afelpados, cortinas de terciopelos y sábanas de seda.
Sonrisas coquetas y miradas dispersas, concentradas en su misión, hacen de su profesión algo respetable de la cual no todas son capaces de realizarla.
Me encantan los camisiones de encaje que llevan, combinados con perlas o tiaras. Medias con ligueros y sujetadores transparentes y que no falte la batita de seda beige, carmín y carboncillo.




Era una época dulce. Era una época entretenida. Era una época revolucionaria. Adoro los años veinte.