La verdad es que lo que se dice seguir el argumento no lo sigo pero el vestuario me tiene chiflada.
No hay época más bonita para la moda que la que va entre los años 20 y 30.
Todo son descubrimientos para las señoras. Libertad y poder en un mundo de hombres.
París era la capital, el paraíso de la moda, porque, si no era de París, rien de rien.
Era una época divertida, saliendo de una guerra y a punto de entrar en otra, no habían preocupaciones para estas señoras. Era un carpe diem.
Collares largos de perlas, cigarrillos a medio acabar, vestidos más cortos de lo normal, champagne en todas las fiestas pero sobre todo, labios de carmín, tan de mujer fatal y a la vez tan de señora.
Por eso me gusta La Señora, porque refleja una década espléndida para la mujer, un avance para las mujeres modernas, que se atrevían a llevar vestidos de fiesta de predería y flecos complementados por las famosas tiaras o turbantes, a gusto de cada una, y no salían a la calle sin el último cloche importado de París y el famoso corte de pelo estilo total Garçonne, famoso por Louise Brooks. Ellas eran damas, señoras de la ciudad, modernas pero siempre elegantes.
Se vuelve tan mujer y tan segura de si misma a lo que hay que añadir que el amante le da el toque final a la rebeldía y la madurez de la mujer.
La verdad es que la ropa interior de la época era deliciada, sensual y con toque chic.
Las imágenes más divertidas, las escenas en el prostibulo, todo risas y alcohol. Noches de alcoba, cojines afelpados, cortinas de terciopelos y sábanas de seda.
Sonrisas coquetas y miradas dispersas, concentradas en su misión, hacen de su profesión algo respetable de la cual no todas son capaces de realizarla.
Me encantan los camisiones de encaje que llevan, combinados con perlas o tiaras. Medias con ligueros y sujetadores transparentes y que no falte la batita de seda beige, carmín y carboncillo.
Era una época dulce. Era una época entretenida. Era una época revolucionaria. Adoro los años veinte.







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