Hoy hace ya veinte años que no se encuentra aquí y sin embargo, Audrey Hepburn sigue presente. Se menciona cada vez que se habla de moda, de actrices de aquel Hollywood maravilloso pero sobre todo se la recuerda siempre que leemos Tiffanys.
Aquella imagen con un Givenchy, las gafas de sol, el collar de perlas, la tiara y el croissant se ha quedado en nuestras memorias grabada para siempre.

Su fama le llego con la encantadora princesa Ana, una chica inocente que se pierde en Roma de la mano del atractivo Gregory Peck. Fue muy querida por los italianos y Vacaciones en Roma le valió su única estatuilla dorada. Estaba espléndida. Y luego llego Sabrina. No he visto vestido más espectacular ni a una mujer que le quedará tan bien un vestido como aquel diseño de Givenchy, de organdí blanco con bordado floral, de palabra de honor, con pauta de seda y perlas. Comenzaba de este modo una relación para toda la vida entre el joven diseñador, el cual cuando recibió el encargo de la Srta. Hepburn se esperaba a otra gran actriz, Katharine Hepburn, y no a una jovencita de veintitrés años.
Al año de Sabrina se casó con el actor Mel Ferrer y como no podía ser de otra forma, su vestido de novia lo diseñó Givenchy. Adornada con una corona de flores, el vestido era de talle corto y manga ancha, acompañado por unos guantes y un clutch, todo blanco, estaba radiante el día de su boda.
Aunque el matrimonio durase quince años, Mel Ferrer fue su estrella y ella su musa. Protagonizaron una de las historias de amor más tristes y bonitas del panorama, Guerra y Paz. Audrey estaba bellísima, ser princesa le quedaba como un guante.
Pero Audrey iba creciendo. Dejaba de ser esa jovencita cándida y comenzaba a aceptar papeles más serios como el de una monja o una prostituta. Sin embargo, para Audrey Hepburn, su papel más complicado fue Eliza Doolittle. Trabajaba más de doce horas diarias y la elección de la actriz para representar el papel tuvo sus controversias. La gente del cine se preguntaba por qué no representaba el papel Julie Andrews que ya lo había hecho en Broadway.
My Fair Lady arrasó en la gala de los Oscar aunque Audrey no fue nominada a mejor actriz y la ganadora fue Andrews por su papel en Mary Poppins. Al enterarse Katharine Hepburn de que Audrey no había sido nominada le mandó un telegrama, famoso ahora, que decía: "Que no te preocupe no estar nominada. Algún día, te darán otro por un papel que no estará a la altura".
Aun así, la interpretación de Audrey estaba a la altura. La película quedó sensacional y ella, como siempre, estaba fantástica. Siempre nos quedaremos con su famosa frase:
"La lluvia en Sevilla es una pura maravilla"






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